te extraño, donde quiera que estés...
Tarde recibí tu llamada, sabes que es difícil que mi padre me dé los mensajes y, sin embargo, corrí a tu encuentro en cuanto te supe aquí.
No sé por qué el mar que nos separa está vez nos reunió, ni comprendo el escalofrío y los nervios, tal vez imaginaba lo que pasaría o lo anhelaba… y puedes estar seguro de que fue uno de los abrazos más sinceros que he dado en toda mi vida, y es que ha sido amistad de años, por eso no entiendo lo que sucedió.
Fue hermoso ese atardecer, observar los enormes barco, los hermosos colores del cielo, nuestro mar, la gente… tú, tan guapo con tu uniforme blanco, el mismo que yo guardé en la maleta aquella noche de lágrimas y despedidas (-luann, no te vayas, quédate un poco más- ¿lo recuerdas?), noche de películas y canciones, noche en que nos juramos amistad eterna, noche de compartir libros y sonrisas, una noche para perderme en tu mirada.
Sí, corrí a ti, quería sentir que me apretabas fuertemente y lo logré, para luego volar en tus brazos… de pronto estamos sentados uno frente al otro… ¿por qué me besaste de esa manera?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... y luego bajar, no me percaté del momento en que abandoné mi lugar para rodar contigo por la arena. No puedo recordar besos más apasionados, más llenos de fuego que los tuyos, no concibo pensar en otras manos sobre mi cuerpo, tu saliva lo llenó todo. Ah, cómo anhelé que nunca nos separáramos y seguir así por siempre, que tu cuerpo y el mío se fundieran por fin, no me importaba que la noche llegara y que la luna fuera nuestro único cobijo… las horas parecían no transcurrir y qué más daba si amanecía o no… y de repente, me despierto, no está tu cuerpo entre mis brazos, no están tus labios en mi piel, no hay nada más que una almohada junto a mí y la sensación de que te has ido, de que tal vez nunca estuviste, de que soñar no cuesta nada, pero cómo duele despertar... te extraño, donde quiera que estés...
No sé por qué el mar que nos separa está vez nos reunió, ni comprendo el escalofrío y los nervios, tal vez imaginaba lo que pasaría o lo anhelaba… y puedes estar seguro de que fue uno de los abrazos más sinceros que he dado en toda mi vida, y es que ha sido amistad de años, por eso no entiendo lo que sucedió.
Fue hermoso ese atardecer, observar los enormes barco, los hermosos colores del cielo, nuestro mar, la gente… tú, tan guapo con tu uniforme blanco, el mismo que yo guardé en la maleta aquella noche de lágrimas y despedidas (-luann, no te vayas, quédate un poco más- ¿lo recuerdas?), noche de películas y canciones, noche en que nos juramos amistad eterna, noche de compartir libros y sonrisas, una noche para perderme en tu mirada.
Sí, corrí a ti, quería sentir que me apretabas fuertemente y lo logré, para luego volar en tus brazos… de pronto estamos sentados uno frente al otro… ¿por qué me besaste de esa manera?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... y luego bajar, no me percaté del momento en que abandoné mi lugar para rodar contigo por la arena. No puedo recordar besos más apasionados, más llenos de fuego que los tuyos, no concibo pensar en otras manos sobre mi cuerpo, tu saliva lo llenó todo. Ah, cómo anhelé que nunca nos separáramos y seguir así por siempre, que tu cuerpo y el mío se fundieran por fin, no me importaba que la noche llegara y que la luna fuera nuestro único cobijo… las horas parecían no transcurrir y qué más daba si amanecía o no… y de repente, me despierto, no está tu cuerpo entre mis brazos, no están tus labios en mi piel, no hay nada más que una almohada junto a mí y la sensación de que te has ido, de que tal vez nunca estuviste, de que soñar no cuesta nada, pero cómo duele despertar... te extraño, donde quiera que estés...


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