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domenica, novembre 21, 2004

adiós...

Esta noche hasta la tristeza se ha marchado, incluso ella me ha dejado sola y desolada... necesito tenerte cerca, y lo estás, pero al mismo tiempo tan distante: divagando en otro mundo, en otros brazos, con otros sueños e ideales, tan conciente... estás lejos y sin embago tan próximo, tan allegado, tan "sin conciencia", tan en mis brazos, tan en mis sueños.

¿Cómo sucedió?, ¿lo sé acaso?, ni si quiera lo sospecho... ocurrió y nada más, sin planes, sin pensarlo, sin decidir hacerlo. Tal vez fue la noche en que decidiste venir a mí, o la tarde en que me espiaste en el jardín, o incluso la mañana aquella en que el sol nos abrazó, o la noche en vela saludando a una lunna inexistente en este cielo (pero no en el nuetro). Todo fue transcurriendo sin un trazo ya escrito, el destino jugó conmigo de nuevo; y yo que pensaba que no pasaba nada, que tu primer partida sería la muestra de que no afectabas mi mundo, pero no fue así... yo sufrí, sufrí mucho, lo indecible, mucho más que aquella que te reclamaba propio; no podía reponerme, y mira que lo intenté, luché, luché mucho, luché en vano... no lo superé... y hoy de nuevo heme aquí, en el umbral del dolor, esperando superar un trago amargo que ni siquiera he tomado... apuraré la copa, beberé del veneno que desprendes a tu paso, a tu paso lejano, distante, ajeno, errante, un paso que no me lleva, que se va solo... ahora también voy sola, así lo decidí, te dejo un hasta luego (que se convierte en hasta nunca), un beso, un abrazo, un te quiero, un te extraño, un "que te vaya bien"... Soledad bienvenida, volvamos a fundirnos... contigo quiero estar...